Música que cimbreaba en la luz de los focos. Tintineo de hielo en las copas. Risas que se elevaban y caían y se disolvían después en el murmullo. Un polvo blanco que viajaba veloz en sentido contrario al de la exhalación. Pies que pisaban el ritmo, cabezas que asentían a las notas. Bocas que expulsaban el humo de un cigarrillo poco antes de besar. Cuando salimos del club ya era de día, pero aun así tuve que encender los faros. Tanta noche en los ojos.

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