Solo queríamos pasar el colocón en algún sitio caliente, que alguien nos llevara a dar una vuelta. Queríamos estar en movimiento sin tener que movernos. Nos gustaba sentir el frío del cristal en la frente y ver las cosas de nuestra ciudad pasar. Al conductor lo conocíamos de vista, era un tipo amable. Aun así, también tuvo que salir corriendo. Había algo en nosotros que no nos hacía buenos.

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