Él se inclina para mirarla. Ella se yergue para verlo mejor. Se admiran. Él ama cada una de sus caprichosas curvas. Ella se complace en la rotundidad de sus miembros. Los siglos le han dado a cada quien lo suyo pero no solo tiempo ha tenido que pasar. También lava, ola y rayo. Y viento. Viento que se cuela por los poros de uno, que recoge el polvo y que lo hilvana en los poros del otro. Viento que silba en los puntos que no se tocan para no darle espacio a la fragilidad. Viento que enfunda la unicidad del otro. Viento que, para que lleguen a tocarse, tendrá que destruirlos.

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