Alguien diría que dentro de su cabeza algo está aún por hacer, que le estorban piezas. Lo cierto es que recibe la información depurada, los abrazos sentidos, los besos del domingo por la tarde, los “hoy tienes mejor cara, abuelo” y los rostros que, aunque confundidos, se recrean por un instante con nitidez antes de colarse por los huecos y desaparecer. Pero yo sé que todo se derrumba.

¿Te ha gustado? comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *