Si solo me quedara un pensamiento por tener, me gustaría tenerlo en este lugar. Al hilo que trazara el pie cosiendo el espacio que va del primer paso a la primera palabra, otras tantas hilvanarían el revés de las sombras con la luz. Y mi pensamiento saltaría de un pespunte a otro, de una palabra a la siguiente, como si en sus patas de mariposa se quedaran pegadas las briznas de colores de los hilos y las mezclara al frotárselas. Después, caerían al suelo para que yo, al pisarlas, estampara el tapiz de lo que iba a ser mi último pensamiento.

¿Te ha gustado? comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *